Viajes y Ocio 17/10/2013

Ravenna

Por esther
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Ravenna es una ciudad al norte de Italia en la Emilia-Romaña y la capital de la provincia homónima. Está situada en la llanura nororiental de la Romaña a pocos kilómetros del Mar Adriático.

Rávena es famosa por sus monumentos bizantinos y paleocristianos, que revelan su origen antiguo y su papel histórico en el desarrollo italiano. A 8 km de la ciudad se extienden los lidi ravennati, playas inmensas en el verde de la famosa costa romañola.

En Rávena se encuentra enterrado Dante Alighieri, autor de La divina comedia.

Antigüedad

Los orígenes de Rávena son inexactos. El primer asentamiento se atribuye de forma diversa a los tirrenos, los tesalios o los umbrios. Rávena consistía en casas construidas sobre pilotes en una serie de pequeñas islas en una laguna pantanosa; una situación similar a la de Venecia varios siglos después.
Se remontan a mediados del primer milenio antes de Cristo. Los romanos la ignoraron durante su conquista del delta del Po, pero más tarde la aceptaron en la República Romana como una ciudad federada en el año 89 a. C. En el 49 a. C., es el lugar en el que Julio César reunió sus fuerzas antes de cruzar el Rubicón. La ciudad tuvo cierta importancia estratégica por su situación fronteriza, y se construyó en tiempos de Augusto un puerto militar en la cercana Classe. Este puerto, protegido primero por sus propias murallas, fue una importante estación de la flota imperial romana. Actualmente la ciudad está tierra adentro, pero Rávena siguió siendo un importante puerto de mar sobre el Adriático hasta principios de la Edad Media.
Mosaico ravenés del siglo VI representando a Jesucristo con el pelo largo y barba, vestido como un sacerdote greco-romano y rey.
Durante las guerras germanas, Thusnelda, viuda de Arminio, y Marbod, rey de los marcómanos, estuvieron confinados en Rávena.
Rávena prosperó ampliamente bajo el gobierno romano. El emperador Trajano construyó un acueducto de 70 km de largo a principios del siglo II. En 402 fue la capital del Imperio romano de Occidente, pues el emperador Honorio trasladó aquí la corte imperial. El traslado se hizo, ante todo, con finalidades defensivas: Rávena estaba rodeada de ciénagas y pantanos y tenía fácil acceso a las fuerzas imperiales del Imperio romano de Oriente. Sin embargo, en 409, el rey visigodo Alarico I simplemente evitó Rávena, y marchó a saquear Roma y tomar como rehén a Gala Placidia, hija del emperador Teodosio I. Después de muchas vicisitudes, Gala Placidia regresó a Rávena con su hijo, el emperador Valentiniano III y el apoyo de su sobrino, Teodosio II. Rávena disfrutó de un periodo de paz sin precedentes, durante el cual floreció la religión cristiana, y la ciudad obtuvo sus monumentos más famosos, tanto seculares (demolidos) como cristianos (conservados durante largo tiempo).
En 476, cayó el Imperio Romano de Occidente. El Emperador oriental, Zenón, envió al rey ostrogodo Teodorico el Grande a recuperar la Península Italiana. Después de la batalla de Verona, Odoacro se retiró a Rávena, donde soportó un sitio de tres años por parte de Teodorico, hasta que la toma de Rímini privó a Rávena de suministros. Después de que Teodorico asesinase a Odoacro, Rávena fue la capital del reino ostrogodo de Italia.

Mosaico contemporáneo del Palacio de Teodorico.
Después de 493, Teodorico empleó arquitectos romanos para estructuras seculares y religiosas, incluyendo el palacio perdido cerca de San Apolinar Nuevo; el «Palacio de Teodorico» fue un edificio anexo. Teodorico y sus seguidores eran arrianos, pero mantuvieron pacífica coexistencia con los latinos. Teodorico murió en 526 y fue sucedido por su hija Amalasunta, quien fue asesinada en el año 535.
Sin embargo, el emperador bizantino Justiniano I era fanáticamente ortodoxo, y opuesto tanto al gobierno ostrogodo como a la variedad arriana del Cristianismo. En 535 invadió Italia y en 540 conquistó Rávena. Rávena se convirtió en la sede del gobierno bizantino en Italia. La Restauratio Imperii en Rávena también beneficio al cercano puerto de Classe, que a veces es llamado la Pompeya de la antigüedad tardía. El resto más representativo de aquel periodo es la iglesia de San Apolinar (siglos VI-VII), cuyas reliquias fueron depositadas en la iglesia. Aunque Classe fue fundada durante el periodo romano, creció sobre todo en el Imperio tardío. Como puerto de Rávena, era una de las plataformas de intercambio clave en los siglos VI-VII, y el principal puerto de la costa adriática italiana.
Después de las conquistas de Belisario para el emperador Justiniano I en el siglo VI, Rávena se convirtió en sede del gobernador bizantino de Italia, el Exarca, y fue conocido como el Exarcado de Rávena. Fue en esta época cuando se escribió el Anónimo de Rávena.

Historia medieval y moderna

Los lombardos, bajo el rey Liutprando, ocuparon Rávena en 712, pero se vieron forzados a devolvérsela a los bizantinos. No obstante, en 751 el rey lombardo Aistulfo tuvo éxito a la hora de conquistar Rávena, acabando de esta manera con el gobierno bizantino en el norte de Italia.
El rey Pipino de Francia atacó a los lombardos a las órdenes del papa Esteban II. Rávena se convirtió entonces en territorio de los Estados Pontificios en 784. A su vez, el papa Adriano I autorizó al rey Carlomagno a tomar de Rávena cualquier cosa que quisiera. Carlomagno hizo tres expediciones de expolio a Rávena, llevándose una gran cantidad de columnas romanas, mosaicos, estatuas, y otros objetos muebles para enriquecer su capital, Aquisgrán.

Piazza del Popolo en Rávena.

Bajo el gobierno papal, el arzobispo de Rávena gozó de autocefalía, respecto a la iglesia romana, un privilegio obtenido bajo el gobierno bizantino. Debido a las donaciones hechas por los emperadores otonianos, el arzobispo de Rávena era el más rico de Italia después del Papado y por lo tanto fue capaz de desafiar con éxito la autoridad temporal del papa de vez en cuando.
En 1198 Rávena dirigió una liga de ciudades de la Romaña contra el emperador, y el papa fue capaz de someterla. Después de la guerra de 1218 la familia Traversari fue capaz de imponer su mando sobre la ciudad, que duró hasta el año 1240. Después de un breve periodo bajo un vicario imperial, Rávena volvió a los estados papales en 1248 y de nuevo a los Traversari hasta que en 1275 los Da Polenta establecieron su largo señorío. Uno de los residentes más ilustres en la Rávena de esta época fue el poeta exiliado Dante.
En el siglo XV pasó a los venecianos. En efecto, el último de los Da Polenta, Ostasio III, fue expulsado por la República de Venecia en 1440, y la ciudad fue anexionada a los territorios venecianos. Rávena fue regida por Venecia hasta 1509, cuando la región fue invadida en el curso de las Guerras Italianas. En 1512, durante las guerras de la Liga Santa, Rávena fue saqueada por los franceses.
Después de la rendición veneciana, Rávena fue nuevamente gobernada por legados del Papa como parte de los Estados Pontificios. La ciudad resultó dañada en una enorme inundación que se produjo en mayo de 1636. A lo largo de los tres siglos siguientes, una red de canales desvió los ríos cercanos y secaron los pantanos cercanos, reduciendo así la posibilidad de inundaciones y creando un amplio cinturón de tierra agrícola alrededor de la ciudad.

Además de otra breve ocupación veneciana (1527-1529), Rávena fue parte de los Estados Pontificios hasta 1796, cuando la anexionó el estado títere francés de la República Cisalpina (Reino de Italia desde 1805). Fue devuelta al Papa en 1814. Ocupada por tropas piamontesas en 1859, Rávena y la zona de la Romaña que hay a su alrededor pasaron a formar parte del nuevo reino de Italia, unificado en 1871.
De todos estos importantes edificios paleocristianos, destacan el oratorio de San Lorenzo, conocido como el mausoleo de Gala Placidia, y los baptisterios ortodoxo y arriano. Los edificios más imponentes son la basílica arriana, construida por Teodorico (hoy dedicada a San Apolinar) y la de de San Vital, construida por Justiniano I.
En las proximidades de la ciudad se encuentra la basílica de San Apolinar, que pertenecía al puerto de Clase, hoy desaparecido. Este edificio es más antiguo que las basílicas de la ciudad.

San Vital - La iglesia fue erigida en la primera mitad del siglo V, sobre el lugar en que, según la tradición, fue martirizado Vital, cristiano del siglo I. Es un edificio de ladrillos octogonal, coronado por una cúpula. Su esplendido interior está formado por una pieza central circuncidada por pilastras. Las paredes de este último están revestidas por una serie de mosaicos excepcionales (520-550 aproximadamente): en el ábside, a la izquierda, Justiniano y su séquito y a la derecha, Teodora y su cortejo de matronas y ministros, obras maestras del arte musivo ravenés; en el interior de la cúpula del ábside: Cristo entre dos Arcángeles, San Vital y el obispo Ecclesio.

Mausoleo de Gala Placidia - Es un pequeño edificio de ladrillos con planta central, que probablemente debe su nombre a la emperatriz que lo hizo construir como propio monumento sepulcral (siglo V). Su sugestivo interior está revestido completamente por magníficos mosaicos del siglo V.

San Apolinar Nuevo - Esta iglesia fue edificada por Teodorico a principios del siglo VI y destinada a las funciones religiosas de los arrianos; en la segunda mitad del mismo siglo fue transformada en iglesia católica. Es un sencillo edificio flanqueado por un bonito campanario cilíndrico (siglo IX).
Su magnífico interior, basilical, está dividido en tres naves por columnas con bellos capiteles bizantinos; las paredes de la nave central están revestidas por espléndidos mosaicos del siglo VI realizados, en parte, bajo el el reinado de Teodorico; la decoración se desarrolla en tres franjas superpuestas: en la superior, a la derecha y a la izquierda, están representadas Escenas del Nuevo Testamento; en la zona central, entre las ventanas, hay figuras de Profetas y Santos; en la parte inferior, a la izquierda, una Vista del Puerto de Classe, la Procesión de los Magos y de 22 Vírgenes y la Virgen con el Niño en trono, entre cuatro Ángeles; en cambio a la derecha, están representados el Palacio de Teodorico en Ravena, un Cortejo de 26 Mártires y Cristo.

San Francisco - Fue fundada en la segunda mitad del siglo V y sufrió alteraciones en el periodo barroco. El altar mayor está constituido por la urna de San Liberio (siglo IV) y la primera capilla a la derecha, está decorada por esculturas del siglo XVI de Tulio Lombardo.

Tumba de Dante - Dante Alighieri, el mayor de los poetas italianos, fue desterrado de Florencia y acogido en 1317 en Ravena, por Guido Novello da Polenta, en cuya corte compuso una parte de la Divina Comedia. El templete que hospeda sus restos fue construido en 1780 por Camillo Morigia.

Mausoleo de Teodorico - Esta maciza construcción, de gusto claramente bárbaro, fue erigido por Teodorico en el 520 y destinado a su propio sepulcro. Tiene dos pisos, con una cúpula, constituida por una pieza única de piedra calcárea.

San Apolinar in Classe - Surge entre los bellos pinares de la costa y es uno de los de los pocos restos que se conservan de la antigua ciudad de Classe, que fue el puerto de Ravena; la basílica fue construida en el siglo VI; el monumental campanario es del siglo X.
Se construyó durante la primera mitad del siglo VI, y fue financiada por Giuliano Argentario para el obispo Ursicino. Fue consagrada en 547 por el primer arzobispo Maximiano y se dedicó a San Apolinar, primer obispo de Rávena. La iglesia tiene la consideración de basílica menor desde el 7 de octubre de 1960. En 1996 la iglesia, con otros edificios paleocristianos, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, con el nombre de «Monumentos paleocristianos de Rávena».

Exterior:
La basílica consta de tres naves, de las que el cuerpo de la central está sobre elevado y tiene un ábside poligonal con dos capillas absidales.
La fachada, que ha sido restaurada en parte al igual que sucede con otras partes de la iglesia tiene delante un nártex bajo el que hay mármoles e inscripciones y que originalmente formaban un cuadripórtico, y está aligerada con la apertura de una trifora. Los arquitrabes de la portada son de mármol griego. Encima de la portada hay una elegante ventana trifora.
A la izquierda de la iglesia está la torre del campanario del siglo IX que se eleva con su forma cilíndrica, mientras las ventanas, de abajo a arriba, primero son monóforas, luego bíforas y luego triforas. Esta estructura hace la torre más estable y ligera, impidiendo que se derrumbe.

Interior:
En el interior de la basílica, las paredes están desnudas, excepto la del ábside, cubierto por un "manto polícromo" de mosaico, de distintas épocas. En el centro de la basílica, en el lugar del martirio del Santo, hay un altar antiguo. En la parte superior de la zona del ábside, extendiéndose horizontalmente por toda la anchura del arco se representa a Cristo dentro de un medallón circular. A sus lados, en medio de un mar de nubes estilizadas se hallan los símbolos alados de los evangelistas: El Águila (San Juan), el Hombre (San Mateo), el León (San Marcos) y el Ternero o Toro (San Lucas).

Detalle de los mosaicos del ábside:
La zona superior presenta en los extremos las representaciones de las dos ciudades que tienen las murallas adornadas con piedras preciosas: son Jerusalén y Belén, de las que surgen los doce apóstoles con forma de corderos. En los lados del arco hay dos palmeras, que en la literatura bíblica simbolizan al justo. Bajo éstas están las figuras de los arcángeles Miguel y Gabriel, con el busto de San Mateo y de otro santo difícilmente identificable.
Toda la decoración de la zona del ábside se remonta casi a mediados del siglo VI y puede dividirse en dos zonas:

1. En la parte superior un gran disco cierra un cielo estrellado sobre el que se sitúa una cruz con piedras preciosas, que simboliza el cruce de los brazos y la faz de Cristo. Sobre la cruz se ve una mano que surge de las nubes: es la mano de Dios. A los lados del disco están las figuras de Elías y Moisés. Los tres corderos situados un poco más abajo, justo donde empieza la zona verde, con el hocico vuelto hacia la cruz simbolizan a los apóstoles Pedro, Santiago y Juan: es claramente una representación de la Transfiguración de Cristo en el Monte Tabor.

2. En la zona más baja se extiende un verde valle florido, en el que hay rocas, arbustos, plantas y aves. En el centro se erige solemne la figura de San Apolinar, primer obispo de Rávena, con los brazos abiertos en actitud orante: de hecho está representado en el momento de elevar su plegaria a Dios para que conceda la gracia a los fieles que están a su cargo, representados por doce ovejas blancas.

En los espacios situados entre las ventanas están representados cuatro obispos, fundadores de las principales basílicas de Rávena: Ursicino, Orso, Severo y Ecclesio, con hábito sacerdotal y llevando un libro en la mano.
A los lados del ábside hay dos paneles del siglo VII: el de la izquierda, muy reconstruido, reproduce al emperador de Bizancio, Constantino IV, concediendo privilegios a la Iglesia de Rávena a Reparato, enviado por el arzobispo Mauro. En el panel de la derecha aparecen representados Abraham, Abel y Melquisedec en torno a un altar en el que ofrecen sacrificios al Señor.
La elección del tema está fuertemente unida a la lucha contra el arrianismo, que niega la naturaleza humana y divina de Jesucristo, ya que éstos niegan su divinidad. Además de la representación de Apolinar entre los apóstoles, era una legitimación para Maximiano como primer arzobispo de una diócesis directamente unida a los primeros seguidores de Cristo, al ser Apolinar, según la leyenda, discípulo de San Pedro.
Algunas restauraciones han permitido descubrir una sinopia debajo de los mosaicos de la pila en el que se descubre que el tema decorativo, que antiguamente tenía flores, fruta y copas con pájaros, fue cambiado por completo con motivo de la necesidad de celebrar al haber alcanzado rango de archidiócesis.
A lo largo de los muros de la basílica hay situados numerosos sarcófagos que pueden datarse entre los siglos V al VIII y que nos permiten evaluar los cambios de estilo producidos a lo largo de los siglos. De los relieves de los sarcófagos romanos, de una gran plasticidad, con figuras humanas, se pasa a las simbologías bizantinas, con una mayor abstracción y simplificación de esas simbologías.
Los retratos de los arzobispos de Rávena, pintados en las paredes de la nave central, en gran parte se realizaron durante el siglo XVIII.

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