La familia de Pascual Duarte

Por Revistamujer.es
La familia de Pascual Duarte

Trabajo pensado para todos los alumnos de Bachillerato. Esperamos sirva de ayuda. Cedido por Miriam Rubio.

La familia de Pascual Duarte - Camilo José Cela

Resumen libro.

1

Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo.

Nací hace ya muchos años, lo menos cincuenta y cinco, en un pueblo perdido por la provincia de Badajoz, el pueblo estaba a unas dos leguas de Almendralejo. Mi casa estaba fuera del pueblo. Era estrecha y de un solo piso, el suelo era de tierra. El hogar era amplio y despejado y alrededor de la campana teníamos un vasar con loza de adorno, con jarras con recuerdos, pintados en azul, con platos con dibujos azules o naranja. En las paredes teníamos varias cosas; un calendario muy bonito que representaba una joven abanicándose sobre una barca y debajo de la cual se leía en letras que parecían de polvillo de plata “Modesto Rodríguez”. Ultramarinos finos. Mérida (Badajoz), un retrato del Espartero con el traje de luces, tres o cuatro fotografías de no sé quién, un reló despertador colgado de la pared, tres sillas y una mesa de pino con un cajón.

Teníamos otras dos habitaciones y la cuadra. En una de las habitaciones dormíamos yo y mi mujer, y en la otra mis padres, después quedo vacía. Mi hermana cuando venía dormía en la cocina, y los chiquillos cuando los tuve también dormían allí.

La cuadra era lo peor, era lóbrega y oscura. En la cuadra teníamos un burrillo matalón y escurrido de carnes que nos ayudaba en la faena. En la parte de atrás de la casa teníamos un corral, no muy grande, y en él un pozo.

Por detrás del corral pasaba un regato, a veces medio seco y en el que podían cogerse unas anguilas hermosas.

Me gustaba la caza; en el pueblo me dieron fama de no hacerlo mal del todo. Tenía una perrilla perdiguera con la que me entendía muy bien. Pero un día me recorrió un temblor por todo el cuerpo, la perrilla me miraba fijamente, cogí la escopeta y disparé, volví a cargar y volví a disparar. La perra tenía una sangre oscura y pegajosa que se extendía poco a poco por la tierra. (La mató a sangre fría y eso que la quería).

2

De mi niñez no son precisamente buenos recuerdos los que guardo. Mi padre se llamaba Esteban Duarte Diniz, y era portugués, alto y gordo como un monte. Era tostado y tenía un estupendo bigote negro, desde que estuvo en la cárcel se le arruinó la prestancia. Yo le tenía un gran respeto y no poco miedo, era áspero y brusco y no toleraba que se le contradijese en nada. Cuando se enfurecía nos pegaba a mi madre y a mí las grandes palizas por cualquier cosa, palizas que mi madre procuraba devolverme por ver de corregirlo.

Lo metieron en la cárcel por contrabandista, le siguieron los carabineros, le descubrieron el alijo y lo mandaron a presidio.

Mi madre, no era gruesa, aunque andaba muy bien de estatura, era larga y chupada y no tenía aspecto de buena salud, era también desabrida y violenta, tenía un humor que se daba a todos los diablos y un lenguaje en la boca que Dios le haya perdonado. Vestía siempre de luto y era poco amiga del agua. Le gustaba mucho el vino y siempre estaba borracha.

Se llevaban mal mis padres; a su poca educación se unía su escasez de virtudes y su falta de conformidad, defectos todos ellos que para mí desgracia hube de heredar.

Si he decir verdad tanto me daba el que cobrase el uno como el otro; unas veces me alegraba de que zurrase mi padre y otras mi madre, pero nunca hice de esto cuestión de gabinete.

Mi madre no sabía leer ni escribir, mi padre sí, solía llamarla ignorante, ofensa gravísima para mi madre, que se ponía como un basilisco. Por esto discutían y mi padre se sacaba el cinturón y la corría todo alrededor de la cocina hasta que se hartaba.

La verdad es que la vida en mi familia poco tenía de placentera y procuraba conformarme con lo que me había tocado. De pequeño, me mandaron una corta temporada a la escuela, pero duró poco tiempo. Mi madre no quería que fuese a la escuela, solía decirme que para no salir en la vida de pobre no valía la pena aprender nada. A mí tampoco me seducía la asistencia a las clases y entre los dos, y con la ayuda del tiempo, acabamos convenciendo a mi padre que optó porque abandonase los estudios. Sabía ya leer y escribir y sumar y restas, y en realidad para manejarme ya tenía bastante. Cuando dejé la escuela tenías doce años.

Era yo de bien corta edad cuando nació mi hermana Rosario. Debía ser por julio o agosto. Mi madre llevaba ya gritando varias horas cuando nació Rosario. Asistía a mi madre una mujer del pueblo, la señora Engracia, medio bruja y un tanto misteriosa.

Mi padre cuando nació Rosario se arrimó hasta la cama de mi madre y sin con sideración ninguna la empezó a llamar bribona y zorra y arrearle tan fuerte hebillazos que extrañado estoy todavía de que no la haya molido viva. Después se marchó y tardó dos días enteros en volver, cuando lo hizo venía borracho, se acercó a la cama de mi madre y la beso, mi madre se dejaba besar, después se fue a dormir a la cuadra.

3

La cuna de Rosario fue un cajón. Mi padre se sentaba en el suelo, a la vera del cajón y mirando para la hija se le pasaban las horas, con una cara de enamorado. Después se levantaba, se iba a dar una vuelta por el pueblo, y cuando menos lo pensábamos, allí lo teníamos, otra vez al lado del cajón, con la cara blanda y la mirada tan humilde que cualquiera que lo hubiera visto, de no conocerlo, se hubiera creído ante el mismísimo San Roque.

Rosario se nos crio siempre debilucha y esmirriada. Mi padre andaba desazonado viendo que la criatura no prosperaba. Mi madre, que había quedado aún más baja de salud que antes de parir, apañaba unas tundas soberanas, y a mí, que no le resultaba nada fácil cogerme, me arreaba unas punteras al desgaire cuando me tropezaba, que vez hubo de levantarme la sangre del trasero, o de dejarme el costillar tan señalado como si me lo hubiera tocado con el hierro de marcar.

Rosario creció, llegó a ser casi una mocita, era más avisada que un lagarto, pronto la niña se hizo la reina de la casa y nos hacía andar a todos más derechos que varas.

Si bien no era tonta, más hubiera valido que lo fuese; servía para todo y para nada bueno; robaba con igual gracia y donaire que una gitana vieja, se aficiono a la bebida de bien joven, servía de alcahueta para los devaneos de la vieja, y como nadie se ocupó de enderezarla, fue de mal en peor hasta que un día, teniendo la muchacha catorce años, arrambló con lo poco de valor que en nuestra choza había y se marchó a Trujillo, a casa de la Elvira. Mi padre culpaba a mi madre, mi madre a mi padre.

Es curioso pensar que mi padre, que a bruto y cabezón ganaban muy poco, era a ella la única persona que escuchaba; bastaba una mirada de Rosario para calmar sus iras, y en más de una ocasión buenos golpes se ahorraron con su sola presente.

En Trujillo tiró hasta cinco meses, pasados los cuales unas fiebres la devolvieron, medio muerta a casa. De aquellos tristes meses sólo guardo recuerdos de paz de no escuchar golpes entre aquellas paredes. Se recuperó y volvió a hacer la pirata la muy zorra, a llenarse la talega con los ahorros del padre y sin más reverencias, y como a la francesa, volvió a levantar el vuelo y a marcharse, esta vez camino a Almendralejo, donde paró en casa de Nieves la Madrileña.

En Almendralejo hubo de conocer al hombre que había de labrarle la ruina, no la de honra, que bien arruinada debía andar, sino la del bolsillo, el tal sujeto Paco López “El Estirao”, era guapo mozo, alto, medio rubiales, juncal y andaba tan derechito que no se equivocó por cierto quien le llamó por vez primera el Estirao. Hombre que no quería trabajar, él se daba la gran visa, porque ya sabe usted lo mucho que dan en valora las mujeres a los toreros.

Un día discutió con el Estirado por su hermana, no quiso meterse en líos y decidió irse de allí, por este motivo quedó como un cobarde.

4

A los quince años de haber nacido Rosario, un nuevo hermano, vaya usted a saber de quién era, ya que mi madre andaba liada con el señor Rafael. Al nacer el pobre Mario, todo se complicó pues dos días antes enterramos a mi padre. Lo teníamos encerrado en la alacena ya que le había mordido un perro rabioso, Dios que fuerza hubimos de hacer todos para reducirlo. Pataleaba como un león, juraba que nos había de matar a todo. Dos días hacía del encierro y tales voces daba y patadas a la puerta que hubimos de apuntalar con unos maderos.

Mario poco vivió entre nosotros; parecía que hubiera olido el parentesco que le esperaba y hubiera preferido sacrificarlo a la compañía de los inocentes en el limbo. Cuantos fueron los sufrimientos que se ahorró al ahorrarse años. Cuando murió no había cumplido todavía los diez años, el pobre no pasó de arrastrarse por el suelo como si fuese una culebra y de hacer unos ruiditos con la garganta y con la nariz como si fuese una rata, eso fue lo único que aprendió, Tonto había nacido, tonto había de morir, tardó año y medio en echar el primer diente. Teniendo la criatura cuatro años, un guarro le comió las dos orejas, se pasaba los días y las noches llorando y aullando como un abandonado y se pasaba los meses tirado por los suelos, comiendo lo que le echaban, y tan sucio que aun a mí que nunca me lavé demasiado, llegaba a darme repugnancia. Le entraban unos corajes que se ponía como loco.

Me acuerdo que un día que le dieron esos ataques, le dio por atacar al Señor Rafael, le mordió en una pierna, y este con la otra pierna le arreó tal patada es una de las cicatrices que lo dejó como muerto y sin sentido. El vejete se reía como si hubiera hecho una hazaña, la criatura se quedó tirada todo lo largo que era, y mi madre, ruin, no lo cogía y se reía haciéndole el coro al señor Rafael.

5

El pobre Mario apareció ahogado, en una tinaja de aceite, lo encontró mi hermana Rosario. Mi madre tampoco lloró la muerte de su hijo: secas debiera tener las entrañas una mujer con corazón duro. De mi puedo decir, que sí lloré, así como mi hermana Rosario, y que tal odio llegué a cobrar a mi madre. El motivo de que a mi madre llegase a perderle el respeto, primero, y el cariño y las formas al andar de los años, dejó de ser una madre en mi corazón, convertírseme en un enemigo rabioso, odiarla lo que se dice llegar a odiarla, tardé algún tiempo.

El señor Rafael, nos ayudó a preparar el ataúd. Su entierro, como años atrás el de mi padre, fue pobre y aburrido.

Lola era ya por entonces media novia mía. Yo nunca me había atrevido a decirle ni una palabra de amores. Yo debía andar por los veintiocho o treinta años, y ella, que era algo más joven que mi hermana Rosario, por los veintiuno o veintidós, era alta, morena de color, negro de pelo y tenía unos ojos tan profundos y tan negros que herían al mirar, tenía carnes prietas y era desconocedora de varón, cualquier cosa pudiera parecer menos una pobre campesina.

En el cementerio, enterrando a su hermano él y Lola hacen el amor un poco a lo bestia.

6

La trasladan de cárcel y este sitio es mejor.

Mucha desgracia, como usted habrá podido ver, es la que llevo contada. Pararse a considerar que si el esfuerzo de memoria que por estos días estoy haciendo, en lugar de estar escribiendo en una celda, estaría tomando el sol en el corral, o pescando anguilas en el regato, o persiguiendo conejos en el monte.

7

Pasados cinco meses de la muerte de mi hermano, la relación con Lola seguía y nos vimos sorprendidos con la noticia de que estaba preñada. Lola se echó a llorar y yo la consolé diciéndole que nos íbamos a casar, se lo dijeron a la madre de esta y dio su bendición. Esa noche la pasé con ella con el consentimiento de la madre. Fui a la iglesia a preparar todo para la boda.

8

El 12 de diciembre nos casamos. Yo andaba preocupado y como pensativo, como temeroso del paso que iba a dar y momentos de flaqueza y desfallecimiento, lo mejor sería estarme quieto y dejar que los acontecimientos salieran por donde quisieran. No sé si sería el olfato que me avisaba de la desgracia que me esperaba.

En la boda me gaste todos los ahorrillos. Ella iba de negro, con un bien ajustado traje de lino del mejor, con un velo todo de encaje que le regaló la madrina. Yo iba con un vistoso traje azul con raya roja que me llegué hasta Badajoz para comprar, con una visera de raso negro, con pañuelo de seda y con leontina. Nos apadrinaron el señorito Sebastián, el de Don Raimundo el boticario, y la señora Aurora, la hermana de Don Manuel, el cura que nos echó la bendición.

Nos llegamos todos y como en comisión, hasta mi casa, donde, sin grandes comodidades, pero con la mejor voluntad del mundo, habíamos preparado de comer y de beber hasta hartarse para todos los que fueron y para el doble que hubiera ido. La conciencia tranquila la tengo de haber cumplido en la boda.

Luego nos fuimos a Mérida, donde hubimos de pasar tres días, quizás los tres días más felices de mi vida. A los recién casados parece como si les volviera de repente todo el candor a la infancia. Fuimos el viaje en una yegua y tuvimos la mala suerte que una pobre vieja que por allí pasaba tal manotada le dio que la dejó medio descalabrada, yo la di un real y dos palmaditas para contentarla. Lola se reí y no me pareció bien que se riera de los males ajenos.

Nos alojamos en la posada del Mirlo, en un cuarto grande. El recuerdo de aquella alcoba me acompaño a lo largo de toda mi vida como un amigo fiel. Mi mujer y yo nos pasábamos las horas disfrutando de la comodidad que se nos brindaba, para nada salíamos a la calle.

Al tercer día, el sábado, se conoce que señalados por los familiares de la atropellada, nos fuimos a encontrar de manos a una pareja de la guardia civil. En un principio me atosigó bastante la llegada de los civiles y con ellos venía un mozo de unos veinticinco años, nieto de la vieja. En cuanto le llamé galán y le metí seis pesetas en la mano se marchó más veloz que una centella y más alegre que unas castañuelas. La guardia civil se marchó sin incordiarme más.

Regresamos y todos los vecinos nos vieron llegar y nos mostraban su cariño. Yo requerido por mis compañeros de soltería me llevaron hasta la taberna de Martinete el Gallo. A Lola la besé en la mejilla y la mandé para casa a saludar a sus amigas, ella iba en la yegua, y el destino quiso que este fuera la causa del primer disgusto.

La velada en casa del Gallo acabó como el rosario de la aurora. Una tonta pelea por los efectos del alcohol, hace que Pascual se pique y le de tres puñaladas a Zacarías.

9

Yo tiré para casa acompañado de tres o cuatro de los íntimos, algo fastidiado por lo que acababa de ocurrir.

A mí me extrañó el silencio que había en mi casa. Las mujeres estarían aún allí según la costumbre, y las mujeres ya sabe usted lo mucho que alzan la voz para hablar. De repente la señora Engracia estaba allí y no me dejaba pasar, me decía que mi mujer estaba mala y me contó que la yegua la descabalgó y que había abortado.

La rabia que llevaba dentro no me dejó ver claro, tan obcecado estaba que ni me percaté de lo que oía.

Fui a buscar a la yegua a la cuadra y con la navaja la mate, ella era la responsable de haber perdido a mi hijo.

10

Ya podría haber abortado la Lola de soltera, cuanta bilis y cuando resquemor y veneno me hubiera ahorrado.

Al año, o poco menos, quedó Lola de nuevo encinta y pude ver con alegría que idénticas ansias y los mismos desasosiegos que la vez primera me acometían.

Me torné huraño y montaraz, aprensivo y hosco, siempre estaba haber donde saltaba la bronca. Era una tensión que nos destrozaba.

La idea de que mi mujer pudiera volver a abortar era algo que me sacaba de quicio.

Vino al mundo, y con una sencillez y una felicidad que a mí ya me tenían extrañado, mi nuevo hijo, mejor dicho, mi primer hijo, a quién en la pila del bautismo pusimos por nombre Pascual. Los accesos de cariño de mi mujer, se los agradecía de todo corazón, se lo juro. Yo me pasaba largas horas sentado a los pies de la cama. Los dos hablábamos que teníamos que cuidarlo muy bien y tener mucho cuidado, que tenía que ir a la escuela y que no le podía pasar lo mismo que al pobre Mario, haríamos de él un hombre de provecho.

Aquel gozar en la contemplación del niño me daba muy mala espina. Siempre tuve muy buen ojo para la desgracia. Miraba a Pascualillo y los ojos se me llenaban de lágrimas, temía perderle aunque se estaba criando muy bien.

Una noche el niño se lamentaba, como si tuviera algún mal, se quejaba. Pocos días duró. Cuando lo devolvimos a la tierra, once meses tenía; once meses de vida y de cuidados a los que algún mal aire traidor echó por el suelo.

11

Quién sabe si no sería Dios que me castigaba por lo que había pecado y por lo mucho que había de pecar todavía. Quién sabe si no sería que estaba escrito en la divina memoria que la desgracia había de ser mi único camino, la única senda por la que mis tristes días habían de discurrir, que lo peor aún está por pasar.

Tres mujeres tenía y ninguna supo con su cariñó o con sus modales hacerme más llevadera la pena de la muerte del hijo; al contrario, parecía como si se hubiesen puesto de acuerdo para amargarme la vida. Esas tres mujeres eran mi madre, mi mujer y mi hermana.

12

Lola me decía; para esto te di yo dos hijos, que ni el andar de la caballería no el mal aire en la noche supieron aguantar.

Estaba como loca, como poseída por todos los demonios, alborotada y fiera como un gato montés… Yo aguantaba callado la gran verdad.

Eres como tu hermano, me decía, si tu padre Esteban viera tu poco arranque, yo no podía más estaban jugando con fuego.

Me quedé solo con mi hermana, loa desgraciada, la deshonrada, aquella que manchaba el mirar de las mujeres decentes. Le comente que porque estaba maldito, ella me contesto que no era verdad, Rosario estaba como llorosa.

Se mata sin pensar, bien probado lo tengo, a veces, sin querer. Se odia, y se abre la navaja.

13

Cerca de un mes entero he estado sin escribir. Mucho más tiempo del debido tardé en averiguar que la tranquilidad es como una bendición de los cielos, como las más preciada bendición que a los pobres y a los sobresaltados nos es dado esperar, ahora que ya lo sé, disfruto de ella con un frenesí y un regocijo que mucho me temo que, por poco que me reste de respirar.

Hoy me encuentro encerrado y con una condena sobre la cabeza que no sé qué sería mejor, sí que cayera de una buena vez o que siguiera alargando esta agonía, a la que sin embargo me aferro con más cariño. No creo que sea pecado contar barbaridades de las que uno está arrepentido. Hay ocasiones en las que me duele contar punto por punto los detalles, grandes o pequeños, de mi triste vivir.

14

No perdí el tiempo en preparar la huida. Volqué el arca en la bolsa, la despensa en la alforja y el lastre de los malos pensamientos en el fondo del pozo, enfilé la carretera y comencé a caminar.

La gente me miraba con extrañeza, quizá por el aspecto de trotamundos que llevaba, y los niños me seguían curiosos. Al tres lo fue a alcanzar en Don Benito, donde pedí un billete para Madrid, quería saltar a las Américas.

Llegado a Madrid, tan lejos de la capital me imaginaba que el corazón me dio un vuelco en el pecho. Al llegar vi a unos obreros y quise hacerme sus amigos para integrarme en Madrid. Uno de ellos era Ángel Estévez que me ofreció su casa para que con ellos viviera. Me darían casa, dos comidas al día por diez reales. Como en su casa jugábamos todos los días a las cartas al juego de las siete y media, tenía que incrementar todos los días otros diez reales pues me ganaban siempre él y su mujer.

En Madrid no estuve muchos días, no llegaron a quince, pero sí que me hubiera quedado hasta gastarme el último céntimo.

Un día descubrió algo que le marcaría y era lo siguiente: Concepción Castillo López, que así era como se llamaba la mujer de Estévez era una mujer típica madrileña, simpática, presumida y pizpireta, estaba muy enamorada de su marido. Estévez era muy celoso, un día en el Retiro tuvo una acalorada discusión con un hombre pues decía que había mirado a su mujer, discutieron muchísimo, se dijeron de todo, pero en ningún momento llegaron a las manos.

Así da gusto. Si los hombres del campo tuviéramos las tragaderas de los de las poblaciones, los presidios estarían deshabitados como islas.

A eso de las dos semanas, decidí reanudar la marcha hacía donde había marcado mi mite y emprendí el viaje a La Coruña, sitio de cruce de los vapores que van a las Américas. Me encontré a la orilla del mar, que fuera una de las cosas que más me anonadaron en esta vida, de grande y profunda que me pareció.

Fui a enterarme de cuanto costaba ir a las Américas y me quede destrozado. Jamás hasta entonces se me había ocurrido pensar lo caro que resultaba un viaje por mar.

Me marché con mi itinerario y mi tarifa y guardando en la memoria los días de las salidas. Qué remedio. En la casa donde vivía, estaba también alojado un sargento de artillería que se ofreció a descifrarme lo que decían los papales que me dieron en la agencia, y en cuanto me habló del precio y de las condiciones del paso se me cayó el alma a los pies cuando calculé que no tenía ni para la mitad. El sargento me animaba mucho, me hablaba de la Habana y hasta de Nueva York.

Para poder conseguir el dinero, cargué maletas en la estación y fardos en el muelle, ayudé a la labor de la cocina en el hotel Ferrocarrilana, estuve de sereno una temporadita en la fábrica de Tabaco, e hice de todo un poco hasta que terminé mi tiempo de puerto de mar viviendo en casa de la Apacha. Mi principal trabajo allí se limitaba a poner de patitas en la calla a aquellos a quienes se les notaba que no iban más que a alborotar.

Allí llegue a estar un año y medio, pero al final me entró la morriña y decidí regresar a casa, seguro que mi familia me perdonaría.

15

Siete días desde mi retorno habían transcurrido, cuando mi mujer, que con todo cariño me había recibido me dijo entre lágrimas, que dos años era mucho tiempo de ausencia y que iba a tener un hijo. Le pregunte quien era el padre y no quería contestar. Le dije que sería mejor que abortara puesto todo el mundo se iba a enterar, ella no quería, mi madre cómplice de todo ni siquiera me quería mirar. Al final decidí que Lola tuviera él bebe. La insistí para que me dijera quien era el padre. Estaba pálida como nunca, desencajada, su cara daba miedo, un miedo horrible de que la desgracia llegara con mi retorno, me hizo prometer que no correría la sangre por ello y me dijo quién era el padre “El Estirao”, en ese mismo momento y sin saber cómo Lola cayó contra el suelo de la cocina y murió.

16

Salí a buscar al asesino de mi mujer, al deshonrador de mi hermana, me costó trabajo encontrarlo de huido como andaba. En cuatro meses no volvió a aparecer por Almendralejo. Fue en la taberna de Martinete donde el señorito Sebastián me dijo que estaba por el pueblo. Salí corriendo para mi casa, me encontré en la puerta con mi madre y pregunte por Rosario, que estaba dentro. Al poco tiempo apareció el Estirao y me saludo diciendo que venía a llevarse a la Rosario. Discutimos y le di tan fuerte golpe con una banqueta en medio de la cara que lo tiré de espaldas y como muerto contra la campana de la chimenea. Le dije que él había matado a mi mujer, el respondió que era una zorra. Le dije que no le mataba porque lo prometí. Este más irónico que nunca me dijo; si se lo prometiste a Lola es porque ella me quería. Era demasiada chulería. Empezó a arrojar sangre por la boca y al final se le fue la cabeza para un lado.

17

Tres años estuve encerrado, trabajando día a día en el taller de zapatero del penal. Si me hubiera portado ni fu ni fa, los veintiocho años se hubieran convertido en catorce o dieciséis y yo hubiera salido manso como una oveja, pero me dejaron salir antes. Yo creía que me estaban haciendo un favor y en realidad me hundieron para siempre.

Chinchilla es un pueblo ruin y en ella no estuve sino el tiempo justo que necesité para tomar el tren que me había de devolver al pueblo. Me acordaba del penal, del director, que hombre más bueno, yo le quería como un padre, le estaba agradecido de las muchas palabras de consuelo que para mí tuviera. Si él hubiera sabido que lo mejor para mí era no haber salido de la cárcel y que volvería tres años y medio más tarde.

Nadie sabía que yo regresaba al pueblo y que estaba libre. Rosario y mi madre estarían en casa. Me acerque hasta la puerta y llame para que me abrieran, la voz de mi madre preguntaba quién era, le conteste que yo Pascual, a lo que ella fríamente me contesto que que quería, le dije que quería entrar. Estoy convencido que mi madre hubiera preferido no verme.

Le pregunte por Rosario y me dijo que estaba en Almendralejo, pero que venía con frecuencia pues estaba liada con el señorito Sebastián, creí morir, hubiera dado dinero por haberme visto todavía en el penal.

18

La Rosario fue a verme en cuanto se enteró de mi vuelta. Parecíamos dos extraños. Rosario le dijo que le tenía buscado novia para cuando regresase. Era Esperanza, la sobrina de la señora Engracia, guapa moza, que le quería desde antes de que se casase con Lola, tendría unos treinta y dos años, era aseada como pocas.

Y me casé con ella, mi segunda mujer, tal orden hubo de implantar en mi casa que en multitud de detalles nadie lo hubiera reconocido.

19

Llevábamos ya dos meses casados cuando me fue dado el observar que mi madre seguía usando de las mismas mañas y de iguales malas artes que antes de que me tuvieran encerrado.

A mi mujer, aunque transigía con ella, no la podía ver ni en pintura, y tan poco disimulada su malquerer a la Esperanza.

Muchas vueltas me dio la cabeza la idea de la emigración; pensaba en La Coruña o en Madrid, la cosa la fue aplazando, aplazando hasta que cuando me lancé a viajar, con nadie que no fuese con mis mismas carnes, o con mis mismos recuerdos, hubiera querido poner la tierra de por medio. La tierra que no fue bastante grande para huir de mi culpa. La idea de la muerte llega siempre con paso de lobo. Pero un día el mal crece, como los árboles y engorda y ya no saludamos a la gente, y vuelven a sentirnos como raros y como enamorados. Empezamos a sentir el odio que nos mata.

Mi madre sentía una insistente satisfacción en sacarme el genio. No quería ni verla, los días pasaban igual uno tras otro, con el mismo dolor clavado en las entrañas.

Ya no podía más tenía que matar a mi madre. Ahora daría lo que fuera porque no hubiera ocurrido pero en ese momento era lo que había.

Estaba todo bien preparado; me pasé largas noches enteras pensando en lo mismo para envalentonarme, para tomar fuerzas, afilé el chuchillo del monte. Solo faltaba entonces emplazar la fecha y luego herir, herir sin pena, rápidamente y huir, huir muy lejos, a la Coruña, para volver a empezar una vida nueva. La conciencia no me remordía.

Fue el 10 de febrero de 1922. Cuadró en viernes aquel año. Volverme atrás hubiera sido imposible, hubiera sido fatal para mí. Me hubiera conducido a la muerte, quién sabe si al suicidio. Mi mujer algo debió de notarme, la bese, fuel el último beso que la di.

Fue al cuarto de mi mujer, estaba dormida. Volví a la cocina y cogí el cuchillo. Fue al cuarto de mi madre y allí estaba bajo las sábanas, la miré y no me atrevía, pasé una hora larga allí mirándola. Tenía que hacerlo, pero no podía, me di la vuelta para marcharme pero ella se despertó, entonces ya sí que no había solución, entramos en lucha, madre mía que fuerza tenía, mi mujer estaba allí mirando blanca como una muerta, sin atreverse a entrar, en la lucha mi madre me mordía y en una de esa de un mordisco me arranco el pezón, en ese momento clavé la hoja en su garganta, la sangre corría como desbocada y me golpeó la cara.

La solté y salí huyendo. Choqué con mi mujer a la salida. Cogí el campo y corrí, corrí sin descanso durante horas enteras, ya podía respirar…….

NOTA DEL TRANSCRIPTOR

Es una contrariedad no pequeña esa falta absoluta de datos de los últimos años de Pascual Duarte. Lo que parece evidente es que volviera de nuevo al penal de Chinchilla, donde debió estar hasta el año 35 o quién sabe si hasta el 36. Desde luego, parece descartado que salió de presidio antes de empezar la guerra.

Magacela (Badajoz), a 9 de enero de 1942

Recibo, con retraso las 359 cuartillas escritas a máquina conteniendo las memorias del desgraciado Duarte. Me lo remite todo ello don David Freire Angulo, actual capellán de la cárcel de Badajoz.

Las confesiones de Pascual Duarte me han dejado una profunda impresión en mi espíritu. A la mayoría se les figurará una hiena, aunque al llegar al fondo de su alma, se puede conocer que no otra cosa que un manso cordero, acorralado y asustado por la vida que llevaba.

Su muerte fue de ejemplar preparación y únicamente a última hora, al faltarle la presencia del ánimo, se descompuso un tanto, lo que ocasionó que el pobre sufriera con el espíritu lo que se hubiera ahorrado de tener mayor valentía.

Llegó el momento de ser conducido al patio, y dijo “Hágase la voluntad del Señor”, que mismo no dejara maravillados con su edificante humildad.

Que Dios lo haya acogido en su santo seno.

La Vecilla (León) 12 de enero de 1942

Acuso recibo de su carta. Del tal Pascual Duarte del que habla, pues fue el preso más célebre que tuvimos que guardar en mucho tiempo, de la salud de su cabeza no daría yo fe. Se pasaba las medias semanas voluntariamente sin probar bocado. El muy desgraciado se pasaba los días escribiendo, como poseído de la fiebre, y como no molestaba y además el directos era de tierno corazón y nos tenía ordenado le aprovisionásemos de lo que fuese necesario para seguir escribiendo, el hombre se confiaba u no cejaba ni un instante.

Me decía; cuando me lleven, coge usted esta carta, arregla un poco este montón de papeles y se lo da todo a este señor. Y le obedecí.

En cuanto a su muerte, fue completamente corriente y desgraciada. A la vista del patíbulo se desmayó y cuando volvió en sí, tales voces daba de que no quería morir y de lo que hacían con él no había derecho, que hubo de ser llevado a rastrare hasta el banquillo, demostrando a todos su miedo a la muerte.

Le ruego que si le es posible me envía dos libros, en vez de uno, cuando estén impresos. El otro es para el teniente de la línea que me indica que le abonará el importe a reembolso, si es que usted le parece bien.

Cesáreo Martín.

Apéndice

La Recepción de la Primera Edición de la Familia de Pascual Duarte.

Rafael Ferreres Levante 11 de febrero de1943

Técnicamente, Camilo José Cela sabe conducir con maestría el lenguaje. Se percibe claramente que el autor, antes de escribir este libro, se ha posesionado de lo necesario para que su novela, desde este punto de vista, no resulte falsa, sino todo lo contrario, de puro verismo. Su estilo es directo. Divaga muchísimo menos que cualquier novelista español, incluyendo a Baroja. Cela es rápido y preciso y sabe dar brevemente las pinceladas necesarias para lograr lo que se propone. Donde nos desconcierta esta novela es en la historia que nos narra Pascual Duarte de él y de su familia, hay tanta desgracia acumulada en el personaje y tan poca luz y alegría, que nos pone en guardia. Sólo calamidades encontramos; una familia casi, o sin casi infrahumana, un padre borracho, que muere rabioso, una madre íntegramente malvada, en todos los aspectos posibles de imaginar, un hermanito que muere pequeño, ahogado en una tinaja de aceite, siendo tonto desde su nacimiento y habiéndosele comido las orejas en un momento de descuido. La hermana a pesar de su fondo bondadoso y de ternura, va rodando por esos mundos de Dios y manos de un chulo que la explota desconsideradamente; en fin; los amores intensos, casi bestiales, pero muy humanos de Pascual Duarte, nacen sobre la fosa de su hermanillo, aun tierna y blanda de lo reciente. Sus ilusiones de paternidad fallan repetidamente.

Aparte de la muerte que comete durante la época roja, manda al otro mundo al chulo de su hermana que tuvo amores con su mujer y a su propia madre, incapaz de poderla aguantar más.

Es un libro no muy extenso, es difícil, muy difícil, poder encajar todo lo que hemos dicho, y que no resulte molesto e inartístico. La virtud del autor está, precisamente, en la habilidad con que ha sabido presentarlo, distribuirlo, y que sólo después de leído, el recuento y meditación de lo que ha pasado por nuestros ojos, percibamos su exageración.

Víctor Ruiz Iriarte “Primera Novela”

Juventud, 25 de febrero de 1943

Camilo José y yo hablábamos de los malos escritores, de una novela buena y del mar en la playa de La Coruña. De pronto Cela se irguió y me contó una historia terrible que pensaba novelar en poco tiempo. Y me lanzó un título: La familia de Pascual Duarte.

Fábula viril, dramática y tremolante, escrita en prosa bien galana, son estos “últimos papales” de Pascual Duarte que el autor “encontró”, entre tarros de ungüentos y milagrerías, en la botica de Almendralejo, tan garbosamente descrita en el prefacio de la novela. Pascual Duarte, difícil protagonista, trágico transeúnte por los campos de Extremadura, ejecutado en la cárcel, “redactor”, de sus memorias en el calabozo como un reo de alto estilo, arrepentido y confeso, pedigüeño de un poco de ternura. Porque La Familia de Pascual Duarte es una novela del mal: es la historia de unas gentes malditas, nacidas, quizá, bajo el estigma de un destino de abracadabra.

Cela anduvo, años atrás, entre legendarios, por estos campos de Extremadura: conoció de cerca estos lugares aldeanos llenos de esa gracia adusta y violenta que el novelista pinta con minuciosidad casi azoriniana, en el primer capítulo del relato: pisó estos zaguanes enlosados con guijarrillos, tuvo cerca, seguramente, a algunos de estos hombres, gentes de figón o de burdel que desfilan por las páginas de Pascual Duarte. Ha cumplido el novelista- este gran novelista que hay en Camilo José Cela.

Todo ello con una técnica novelística sencilla y la artesanía de una prosa rezumante de lecturas clásicas, con absoluto desdén hacia los descuidos estilísticos. Aunque quizá el mayor encanto de este Pascual Duarte estribe en su posible ternura, que unos hombres, unas mujeres, un paisaje rural no permitió que tuviera su gozosa eclosión llena de calor y desmayo.

Pedro de Lorenzo, “El Renacimiento de la novela”

No me sorprende que Baroja juzgue desgarrado el libro de Camilo José Cela. La novelística española no daba frutos legítimos desde el último tercio del XIX; privaba únicamente lo amanerado, parisino, débil y en decadencia. En lo que va de siglo no ha surgido una obra digna de superar el arte galdosiano, y resulta simbólico en esta bronca novela que es La familia de Pascual Duarte su impresión tan a fines del año último, que la ha hecho aparecer prácticamente ahora, bajo el augural centenario primero del natalicio, allá en sus islas oceánicas, de don Benito Pérez Galdós.

El estilo es directo, sincero, con frescura de imágenes realistas que logran vivo relato, en el que los exabruptos, ingenuos y rudos, no se corrigen con pulidos, sino por poda; consiguen así que la prosa destaque lo que posee de juvenil, rotunda, bárbara, sobria y verdadera. Construida al modo de Memorias, con escasez de reflexiones, sin literaturización no descripciones extrañas.

La Familia de Pascual Duarte es prototipo de acción pura: acción que el novelista hace ir progresando en una evolución gradual sincronizada al tiempo gastado en leerla y que, en casi todos los capítulos, transcurre rápida, incluso brusca: Unamuno hubiera hallado en este libro su novela ideal: la de desnuda y patética acción. Ríndase tributo constante al turbión masivo de los personajes, con sus conciencias caóticas, desordenadas, que nos provocan asco y mareos.

Hoy, que parece que ya estoy aburrido de todos los cientos de hojas que llené con mi palabrería, suspendo definitivamente el seguir escribiendo para dejar a su imaginación la reconstrucción de lo que me quede todavía de vida….

El cinismo, macabro a veces, con frecuencia se acerca al remordimiento. La grandeza anárquica y amoral de los caracteres, la talla vigorosa de estas vidas sombrías, ásperas, anormales, nos recuerdan al género picaresco.

Pascual Duarte sufre la ley de herencia de una familia primitiva, zoónica, se ve indefenso ante el mal, que en ocasiones le aterra con un miedo fisiológico: ha pasado la vida matando, y no ha aprendido a morir.

Rafael Vázquez Zamora

Esta novela ha sido muy comentada en los medios literarios madrileños, es una gran novela. Pascual Duarte es un hombre inculto que hace desde la cárcel, poco antes de ser ajusticiado, la sangrienta y tenebrosa historia de su vida. Parece como si nos hablase directamente Pascual Duarte.

Duarte tiene que contarnos cosas atroces, mientras añora la libertad perdida, nos habla de su hermanito idiota, nos cuenta sus amores y sus odios, y estos odios se concretan en unos monstruosos, que le llevará al más horrible de los crímenes; nos habla de un mundo sucio y cruel que bloquea.

Las memorias de Duarte son la inocente protesta de un muñeco contra el destino que le hizo protagonista de una tragedia.

Camilo José Cela no ha escrito una novela rural, sino la novela de un hombre que al contarnos su vida sombría quisiera convertirla así en tinta, en ficción y conseguir que, además de perdonársela, lo admiremos.

Melchor Fernández Almagro

Duarte no puede finalizar el relato que inicia en la cárcel, por la potentísima razón de que acaba su vida a manos del verdugo, en un patíbulo. “No soy malo “Aunque no me faltarían motivos para serlo.

Introducción

La experiencia de la guerra civil ocupa más de veinte capítulos de sus Memorias y nutre dos de sus obras maestras. Cela califica el tiempo de la guerra como “atropellado y pasional, aventurero y abyecto, desequilibrado, acelerado y ruin, que a todos nos marcó” y su mirada sobre este tiempo como un “compendio de memorias, entendimientos y voluntades y no una nómina de fes, esperanzas y caridades”. Ante la ley brutal de la historia de España, Cela no levanta un retablo aparentemente inocente de lealtades y deslealtades, de apologías y anti apologías, sino la experiencia personal abonada de intrahistorias, de vividura en una trágica morada vital que encuentra en emblemáticas.

La mirada de Cela sobre la guerra civil es una mirada de madurez, con cincuenta años a las espaldas al menos. Cela ha construido un doble retablo novelesco que convoca a “el lagarto de la aventura personal, el sapo de la delación, el ave tiñosa de la mugre, la víbora de la sangre”. Esto fue, a su juicio, la guerra civil: una derrota de los más, una derrota del hombre, ante los mesías, los hampones y los conversos.

Enfermo del pecho, mal estudiante de Derecho y empleado en el Sindicado Nacional Textil, Cela ha dejado escrito que “es posible que los años 1940,41 y 42 hayan sido los más amargos de mi vida”. Y en la génesis del Pascual está la evidencia de esa amargura. Las escaseces y las zancadillas se suceden mientras es nombrado con carácter provisional oficial de segunda y Jefe de los Registros y Archivos de Jefatura del Sindicado Nacional Textil. En las oficinas de ese sindicado nació La Familia de Pascual Duarte.

Así su primera obra maestra y punto de partida de la narrativa de posguerra, se fraguaba en la sociedad, el escritor, cuya vocación, es fruto que sólo grana en la sociedad, en la alegre sociedad, compañía de los tristes, de que nos habló el solitario Miguel de Cervantes.

Aquejado de un fuerte chasquido de la salud, pone punto final a su elaboración poco después del día de Reyes de 1942. Tras una laboriosa y desgraciada peripecia editorial, La Familia de Pascual Duarte sale a la luz el 7 de diciembre de 1942. El 24 de diciembre y en Juventud aparecía la primera reseña crítica de la novela y el primer artículo sobre Cela.

Valer la pena recordar que Cela le pidió un prólogo a Baroja, pero el maestro vasco se negó en redondo a tal ofrecimiento:

“No. Mire- me dijo-, si usted quiere que lo lleven a la cárcel vaya solo, que para eso es joven. Yo no le prologo el libro.

Aunque con las dificultades propias de la censura, el libro tuvo desde el principio éxito. Consiguió el Nobel en 1989.

Es el más importante novelista español desde el el 98. Estuvo preocupado al arte de novelar; su naturaleza y carácter, su significado histórico, su preceptiva y su relación con el hombre, con la vida y con el mundo en torno.

Cela cree que lo importante es entender las leyes históricas del funcionamiento de los géneros, y no admitir, dogmatizando con una fe ciega, un apriorístico orden de los géneros.

Cela descree de los caminos trazados alrededor de estéticas útiles, torpes o convencionales, para, en cambio, creer en la novela y su función primordial; contar una fábula mediante el discurso narrativo que el novelista juzgue más atinado para, con la máscara de la ficción, transparentar el latido hondo e indomeñable de la vida.

De lo sintéticamente expuesto se deduce que Cela entiende la novela como un género proteico, que permite en su seno numerosas voces y ecos, diferentes temporalizaciones y modelizaciones, como él mismo dejó dicho al examinar su andadura narrativa en el importante atrio de 1953.

La memoria es una potencia del alma que anuda toda la obra de Cela. Y la memoria se materializa en dos dimensiones: la duración y la novela.

De esa fauna hispánica y de la experiencia, de la vivencia, de la guerra civil nace el Pascual. Por ello, salvando el escalofriante e inexacto primer adjetivo que el fascista Giménez Caballero emplea para calificar a Extremadura, lo importante es que su juicio delimita con fidelidad la intentio auctoris del Pascual.

Si Pascual Duarte es un síntoma, pautado en drama rural, de la alucinante intrahistoria primitiva de España que desembocó en la guerra civil, en plena posguerra oficial y victoriosa. Si Pascual Duarte, huele a España negra y a derrota, es porque el latigazo instintivo instintivo de Cela, la memoria desaforada y amarga, le impulsaron a plasmar una morada vital cuya agónica y trágica configuración se acaba no sólo de plasmar, sino de vivir, dramáticamente.

Aceptar el fundamental papel de la memoria y el camino de la confesión supone entender la novela como un objeto estético fuertemente apegado a la vida y a la morada vital de una colectividad.

Cela reniega de la morosidad de la lentitud y de la escasa acción de la novela como único método narrativo; ni siquiera puede entenderse por completo en el ámbito de este paradigma Pabellón de reposo, que, como muy bien apuntó Darío Villanueva, es un ensayo de “La pintura de la colectividad, mediante un mosaico de anónimos enfermos aislados en sus celdas.

La novela se atiende a la corriente de la vida, su materia es el reflejo de la vida: tal es el ideario barojiano del primer Cela, dibujado a pie juntillas por numerosas reflexiones. Y en este contexto se debe entender la pasión del autor del Pascual por Dostoievski, a quien, además de por sus méritos como creador en la novela de una forma de la vida.

 

1 PAU Obra en relación con el contexto histórico y literato posterior a 1939.

 

Transcurre en una España que se le había implantado una dictadura después de tantos años con una monarquía y las cosas habían cambiado mucho, y se puede entender que en esta novela no hay una libertad clara de expresión. También esta época había diferenciación clara de las personas de esta época en las que dominaba el campesinado debido a la gran pobreza que había en la España de esta época.

Seguro que esta época tuvo que influir en el autor que tuvo que suprimir muchas cosas debido a la época y expresarlas de otra forma no tan vulgar.

Es una corriente de los años 40, que aunque se escribió de temas bélicos, la corriente novelesca más importante es aquella que empezó a tratar los temas del momento. El malestar, el desconcierto, la desesperanza, la angustia ante la amarga experiencia de la vida, estos son los temas de muchas novelas que se le han denominado como realismo existencial. Suele haber un solo protagonista único que se siente perdido o prisionero en un ambiente cerrado y amenazador, es el testimonio de una sociedad que alberga a unos individuos que no pueden esperar nada de ella.

Contexto.

Tiempo difícil. Coincide la postguerra con la Segunda Guerra Mundial (1939-45). Neutralidad española, posterior cerco internacional y retirada de embajadores (con muy contadas excepciones).

Años de escasez, de autarquía, de estraperlo, de silencio y de miedo. Escasez de papel (había que importarlo) y restricciones de energía eléctrica.

Impera la ideología fascista y la Falange Española Tradicionalista y de las JONS: sus símbolos se exhiben por todas partes, se cantan sus himnos, se utiliza su léxico, se viste la camisa azul…. La ONU se constituye a espaldas de España.

Nueva estética franquista? Voluntad de resurgimiento. Se intenta formular una nueva estética que plantea el rechazo de antihéroes como don Quijote y se reivindican a los héroes vencedores (como Hernán Cortés). El Quijote es el libro ejemplar de la decadencia de España (Ramiro de Maeztu). En estos primeros momentos de la posguerra es objeto de comentarios y críticas negativas. Ramiro de Maeztu fue el único de la generación que escapó al maltrato, debido a su conversación (después de su juventud radicalizada y de su filosofía nietzheana, pasa a declararse conservador). Las cosas no fueron fáciles para Azorín y Baroja.

No hay una intención esteticista: quieren crear una literatura que enseñe, que sea útil a la recuperación de España. Ven la creación literaria como un acto patriótico. Se insiste en una actitud vitalista y pragmática, con un componente político e ideológico claro.

Ante esta situación, no es de extrañar que Cela no tuviera mucha suerte al principio con su Familia de Pascual Duarte. Le costó mucho encontrar un editor. Los libros que estaban de moda eran obras traducidas y biografías de personajes ejemplares. Además estaba la vigencia moralizante de la censura.

La censura: de inspiración predominantemente eclesiástica, el propio Cela fue censurado. La familia de Pascual Duarte, vive sin ninguna traba censorial casi doce meses, pero en 1943 se prohíbe la segunda edición, quizás debido a la crítica que aparece en el seminario Ecclesia: “no se debe leer, más que por inmoral, que lo es bastante, por repulsivamente realista. Su nota es la brutal crudez con que se expresa todo….Contagiada del fatalismo ruso, llegan los personajes al crimen contra su propia voluntad”.

Contexto histórico y cultura de la Familia de Pascual Duarte.

La Segunda República y la Guerra Civil (1931-1939)

La Segunda República se implanta con toda legalidad, sin oposición. Disolución general con el régimen monárquico. No es una revolución, sino como el restablecimiento de la voluntad nacial. El Parlamento elabora una nueva Constitución en 1931 de tipo liberal (libertades individuales, separación de Iglesia y Estado y reconocimiento de las demandas regionalistas). Los republicanos se disponen a realizar legalmente la obra reformadora y progresista iniciada por los liberales de Cádiz.

No consiguen llevar a cabo con éxito las reforma debido al ataque: 1 Los extremistas adinerados, que siente en peligro sus intereses y 2 los extremistas proletarios que se impacientan al no ver realizarse rápidamente las prometidas reformas. El gobierno toma medidas represivas para mantener el orden: se hace impopular entre el proletariado y no consigue ganarse la simpatía de la oligarquía. Esta polarización (conflictos de clases) aumenta paulatinamente hasta que se desencadene la guerra civil.

Las dos principales que pretende hacer la República son la religiosa y la agraria.

Para poder llegar a apreciar la importancia del contexto histórico en La familia de Pascual Duarte es necesario comprender, aunque sólo sea esquemáticamente, el problema agrario que condujo a la Guerra Civil española (1936-1939), y que dominó y se perpetuó tras dicho conflicto. El tema agrario es de gran importancia aquí, ya que la Familia de Pascual Duarte (cuya acción tiene lugar inmediatamente antes de la Guerra) cuenta una historia de campesinos sin tierra enfrentados a la dura realidad de la vida rural. El texto sitúa la acción en Extremadura, un área que ha sufrido siempre los problemas de la sequía, la pobreza y el analfabetismo.

Históricamente los problemas sociales y económicos de las provincia de Extremadura se han atribuido al sistema dominante de los latifundios en manos de ricos terratenientes cuya falta de interés en el campesinado ha sido responsable de la perpetuación de condiciones de vida casi feudales en una gran parte de la España rural. Las grandes propiedades, los jornaleros viviendo en la miseria, el desempleo y una población rural en aumento han sido una constante en las provincias de la España central y meridional. Andalucía y Extremadura, en particular, son las regiones en las que los latifundios constituyen la forma principal de propiedad de la tierra. Habría que esperar hasta mucho después de la Guerra Civil para que se llegara a producir la recuperación económica del país.

Los campesinos, sin embargo, no siempre se beneficiaron de esta estabilidad económica. Las cifras referentes a los sesenta todavía hablan de la falta de cambio en la propiedad de la tierra y en el bienestar del campesino.

La República trató de reformar el sistema de propiedad agraria para: 1 mejorar las condiciones de vida del campesino, y 2 aumentar el rendimiento de la tierra.

La jerarquía del poder: Los campesinos más pobres se encuentran a merced de los acaudalados terratenientes. Su voto estaba controlado por los caciques, que desempeñaban el poder real en la región. Los campesinos que vivían en pequeñas poblaciones o bien alquilaban pequeñas parcelas de tierra o trabajaban para el jefe local o cacique (como ocurre en el caso de los campesinos de Pascual Duarte). Este jefe poderoso, además de mantener la ley y el orden, organizaba y controlaba la maquinaria política local. Informaba al alcalde o al gobernador de la provincia, quienes a su vez informaban a Madrid y recibían órdenes de un funcionario gubernamental.

 

2 Características del género tremendismo.

 

El tremendismo es un género literario que se desarrolló, fundamentalmente, en la novela española de los años cuarenta del siglo XX.

El tremendismo como género literario sigue una tendencia triste y decadente tratando de hacer un retrato de las vidas de las generaciones simultáneas y posteriores a la guerra.

La relación entre esta tendencia y el contexto social de la inmediata posguerra es clara, pues parece responder a las complicadas experiencias vividas por los autores durante la guerra, la cual habría condicionado su manera de ver y presentar la realidad en el mundo artístico.

El tremendismo es una forma particular de describir la realidad bajo la óptica de la exageración, utilizada a veces para crear en terceros la idea de que una tragedia es inminente, con el fin oculto de inducir a una determinada decisión, que se hace ver como la única capaz de evitar el suceso nefasto.

La razón por la que estas novelas tengan estas características es clara. Se acaba la Guerra Civil y nos encontramos una España desolada y hundida en la miseria. La experiencia de los propios autores en la guerra también se refleja en sus novelas y describen la realidad de manera exagerada para llegar más al lector.

Los autores tremendistas no muestran una actitud contraria al régimen, más bien de conformismo. Aun así, muchas de sus novelas fueron censuradas en España y tuvieron que ser publicadas en el extranjero.

Características:

Retrato a una sociedad, recién salida de una terrible guerra insistiendo en aspectos duros, tétricos y degenerados.

Tratamiento de los personajes, habitualmente seres desdichados marginados y decadentes, como consecuencia directa del conflicto de la Guerra Civil. Este resultado es patente no solo en lo físico, sino también y especialmente en lo moral.

La estructura narrativa sigue con su tradicionalidad.

Hace uso de un lenguaje desgarrado y duro.

Hechos extraliterarios.

Tanto el tremendismo como en movimientos posteriores, se ven marcados por una serie de elementos extraliterarios que condicionan en mayor o menor cantidad (dependiendo de la proximidad que exista a la Guerra Civil) su escritura. Así pues, en la literatura de los años 40, influyen ciertos aspectos que definen los límites a los que esta pude llegar. Estos límites son principalmente ideológicos y suponen una barrera en la literatura española de la época.

Algunos de estos hechos son la presencia de una fuerte y estricta censura que filtraba todas las obras (ya sean cinematográficas, como literarias).

Un silenciamiento de la generación del 36; los autores de esta generación parten al exilio y no se les vuelve a ver, con lo que se consigue que no divulguen su ideología.

Se produce un aislamiento internacional; España se aísla literalmente del resto de Europa que, aunque había atravesado una guerra mundial, ya comenzaba a resurgir con movimientos artísticos, a los cuales España no tenía acceso. Se fomenta la literatura “nacionalista” fiel al régimen.

 

3 Estructura de la novela.

 

La novela tiene aproximadamente ciento noventa y dos páginas y se divide en diecinueve capítulos que contienen la confesión de Pascual.

Seis documentos enmarcadores constituyen a corroborar, contradecir, e iluminar la información que nos ofrece como una explicación de sus crímenes. Pascual ha enviado la confesión a un tal Don Joaquín Barrera López, amigo de una de sus víctimas, Don Jesús González de la Riva.

El manuscrito es encontrado meses después por un transcriptor anónimo que lo deja listo para su publicación. Este manuscrito que contiene las memorias de Pascual Duarte y los seis documentos enmarcadores configuran así una transparente estrategia narrativa en la tradición cervantina, un ardid designado paradójicamente a dar legitimidad y autoridad a la narración de Pascual Duarte, mientras socava la integridad del relato superficial. A esto habría que añadir el hecho de que los documentos que estructuran el manuscrito de Pascual contienen fechas significativas que apuntan el conflicto social y político que tuvo lugar en España a finales de los años treinta.

Tres de los documentos funcionan como prólogo y tres como epílogo de las memorias. Las fechas aparecen en los documentos de acuerdo con el siguiente orden:

Mediados de 1939, el 15 de febrero de 1937, el 11 de mayo de 1937, 1935, 1936, el 18 de diciembre de 1942, el 9 y 10 enero de 1942, el 12 de enero de 1942, el 10 de enero de 1942 y Madrid 1942.

Al final de la novela, en su segunda nota al lector, el transcriptor menciona, casi de pasada, el estallido de la Guerra Civil.

Estructura externa:

Se distinguen tres partes:

La primera: va desde que Pascual nace y nos cuenta su infancia hasta que se casa. Páginas desde la 25 hasta la 82.

La segunda: desde que se casa Pascual con Lola hasta que Pascual vuelve de su viaje y se entera de que su mujer está embarazada del Estirao. Páginas desde la 82 hasta la 142.

La tercera: desde que Pascual mata al Estirado hasta el final del libro. Páginas 142 hasta 179.

Estructura interna:

Al principio nos presenta a los principales personajes. El mismo protagonista lo dice al comienzo del capítulo cuatro.

El capítulo 1 nos presenta al protagonista y supuesto autor del relato de su propia vida. Nos habla de su nacimiento hace 55 años, del pueblo en el que nació, de su casa y de cómo pasaba la vida en un momento determinado de su vida. Lo podemos comprobar en un capítulo de presentación, en el que se ambienta geográficamente el relato.

En el segundo capítulo habla de su infancia y nos presenta a sus padres.

En el tercero nos cuenta la vida de su hermana Rosario desde que nace hasta que se marcha de casa a los 14 años y la primera discusión que tiene con Paco el Estirao.

El cuarto y quinto capítulos están dedicados a hablar de su hermano Mario, desde su nacimiento, que coincide con la muerte y entierro de su padre.

En el capítulo seis parece ser que vuelve al presente.

En los capítulos 7 al 12, sigue en desarrollo más o menos lineal y nos narra la historia de su matrimonio con Lola, que tiene un paréntesis en el capítulo 13 en el que vuelve al presente en el que escribe, y continua hasta el final (capítulos 14 al 19), con su escapada, su vuelta, la muerte de Paco el Estirao, la cárcel, su segundo matrimonio y el asesinato de su madre.

La anota final hace como de continuación de la historia, pues en ella se nos cuenta el final del protagonista, su muerte, que él no nos puede contar, pero con una estructura distinta, pues la conocemos mediante unas cartas que el cura y uno de los guardias que vieron su ejecución envían al transcriptor por lo que esos hechos los conocemos por terceras personas.

 

4 Análisis de los personajes.

 

Pascual: es el protagonista y el narrador de la historia. Es un hombre rencoroso, impulsivo y dominado por la violencia, que es la única respuesta que muestra contra la traición y el engaño y la cual le llevará a asesinar sin escrúpulos y a acabar sus días en la cárcel por ello. Pero esa apariencia que muestra es solo una máscara que oculta la impotencia que siente por no poder ayudar a los que quiere. Su vida se encuentra llena de desgracias y mala suerte.

Rosario: Es la hermana de Pascual. Era el ojito derecho de su padre y delante de ella no pegaba a su madre ni se alborotaba. Es una chica muy despierta que desde muy joven empieza a robar, beber y servir de alcahueta. Llega un día que coge lo que hay de valor en la casa y se va, ejerce ocasionalmente como prostituta, pero más tarde vuelve, humillada por el Estirao. Su relación con Pascual es buena y es la única que sufre con lo que le ocurre a su hermano.

Esteban Duarte: es el Padre de Pascual. Es un hombre portugués de carácter violento y autoritario pero a la vez tiene un lado débil que intenta esconder con la violencia. Fue contrabandista lo cual le hizo ir a la cárcel y verse con la justicia. Les daba grandes palizas a su mujer y a Pascual. Muere como consecuencia de la mordedura de un perro rabioso tras dos días que le tuvieron encerrado.

Lola: es la primera esposa de Pascual con la que se casó tras haberse quedado embarazada. Perdió a dos hijos, uno tras un aborto y el otro que murió con once meses de nacer. Tras la marcha de Pascual a La Coruña, ella lo engaña con el Estirao y queda embarazada de éste. Muere al decirle a Pascual que el hijo que espera es del Estirao.

Mario: es hermano por parte de madre de Pascual ya que no era hijo de Esteban, sino de Rafael, el amante de la madre. Es un niño que no nació bien, estaba impedido para hablar y caminar. Crece abandonado entre la burla y los maltratos de sus padres y además, le suceden múltiples desgracias como cuando un cerdo le comió las dos orejas o incluso su muerte ahogado en una tinaja de aceite a los diez años.

Madre de Pascual: es el único personaje cuyo nombre ignoramos. Es una mujer perversa, cruel, alcohólica y analfabeta. Pegaba a sus hijos y deshonró a su marido, con Rafael. Lo que más sorprende a Pascual es su falta de instinto maternal, que hace que no pueda llegar a ser una familia normal. Finalmente, Pascual la mata por todo lo que le hizo pasar.

Rafael: es el amante de la madre de Pascual. Era un hombre malvado especialmente con Mario, su hijo.

Engracia: es una especie de curandera del pueblo. Iba mucho a la casa de Pascual y la tenían mucho respeto ya que siempre que había algún problema, en los diferentes partos y en las enfermedades que la familia padeció ella estuvo ayudándolos en todo lo posible.

El Estirao: era un conquistador que vivía a costa de las mujeres y que se caracteriza por vagancia. Pascual lo odiaba profundamente ya que deshonró a su hermana y luego a su mujer. Perturba el ambiente familiar. Finalmente Pascual le da una gran paliza que lo deja muerto. Pascualillo: es el hijo de Pascual. Es un personaje inocente al igual que Mario dentro de la novela. Pascual proyecta en él su felicidad. Pero el destino que persigue a Pascual condena al niño a morir a los 11 meses y frustra los sueños del protagonista.

Esperanza: es la segunda mujer de Pascual y sobrina de Engracia. Estaba enamorada de Pascual desde antes de que se casara con Lola pero no se atrevió a decírselo. Se casa con Pascual cuando sale de la prisión y ésta contempla como Pascual mata a su madre.

Don Corrado: es el director del penal de Badajoz. Que ayuda a Pascual a salir de la cárcel la primera vez.

Don Manuel: es el cura del pueblo.

Lurueña: es el cura de la prisión.

 

5 Técnicas narrativas y estilo ( varios narradores).

 

La novela tiene varios narradores, entre ellos el principal el protagonista.

1) El transcriptor.

2) Pascual Duarte.

3) Santiago Lurueña, presbítero.

4) Cesáreo Martín, cabo de la Guardia Civil.

Los dos primeros son voluntarios, no así los otros dos, que vienen arrastrados por el transcriptor.

La narración de Pascual Duarte tiene un prólogo, que es la carta enviada a Joaquín Barrera. Esta carta y el final de la primera nota del transcriptor cumplen la función de prólogo en la novela picaresca. Sigue una cláusula del testamento de Joaquín Barrera que completa la nota del transcriptor.

La narración que nos hace Pascual de su vida está hecha desde la perspectiva actual, en la cárcel, y los hechos se suceden de forma selectiva, no cabe duda de que no nos cuenta todo, sino solo aquello que su ánimo le permite porque esta narración no es fría, sino apasionada. Hay a la vez relato y juicio, un juicio que es a veces doble: el que la acción le mereció en el momento de realizarla y el que le merece en el momento de contarla.

Si durante su vida Pascual Duarte ha evolucionado intelectualmente, mucho más lo ha hecho durante el tiempo de escritura. El personaje va ganando en hondura a causa de su proceso de auto explicación.

Estilo

En la Familia de Pascual Duarte, nos encontramos, claramente, con una variedad de procedimientos estilísticos en los que se apoya Cela para comunicarnos la historia.

Dichos elementos, le sirven para la intensificación o deformación de aquella historia que nos cuenta; de entre ellos destacamos a modo meramente de ejemplos los siguientes:

Las frases hechas; Son un tipo de expresiones populares en algunas de las que se puede incluir la siguiente:

“El vino no es buen consejero”.

Expresiones populares; Es una característica típica del lenguaje medio bajo en el que está escrita esta obra, debido a que como ya sabemos, el protagonista era de clase baja:

“No consigo acertar a qué carta quedarme”

Los refranes; Una de las formas más comunes de enseñanza, son como moralejas de una fábula, que nos enseñan mediante metáforas, personificaciones, comparaciones, y el autor las utiliza mucho:

“El cántaro que va mucho a la fuente termina por romperse”

La ironía; este recurso está presente durante toda la obra debido a que se trata de una crítica social a la España de los años cuarenta:

“Habrá que huir, que huir lejos del pueblo, donde nadie nos conozca, donde podamos empezar a odiar con odios nuevos”.

El humor negro; La utiliza para hacer una crítica a la España de la época:

“Y como del aplanamiento en que me hundo no de otra manera me es posible salir si no es emborronando papel y más papel, voy a ver de empezar de nuevo”.

Las exclamaciones; son muchas:

¡Quién sabe lo que hubiera querido decir, quién sabe si no había querido decir lo que yo entendí!

La metáfora; Es una forma muy buena de descripción, por eso abunda mucho en toda la novela:

“Tenía una pelusa rala por la cabeza”

Comparaciones; existen muchas ya que el autor usa un lenguaje medio vulgar y describe mucho, por lo tanto, las utiliza en muchas ocasiones:

“Niños pequeños, blancos como la leche”

La adjetivación; también muchas en toda la obra, ya que es la mejor manera de describir.

Las descripciones; Aparecen constantemente, las utiliza para exagerar hechos:

“Ella, como era de natural recio y vigoroso”

El léxico del mundo rural; son expresiones vulgares, las cuales están presente en toda la obra:

Cerdos---guarros---cueros---piel esmirriada---delgada

Técnicas narrativas.

La voz dominante es, evidentemente la de Pascual. Es, por tanto una voz narrativa implicada, no solo por lo que respecta a su condición de protagonista sino también a nivel ético. Es importante tener en cuenta que las memorias adquieren, en último término una condición argumentaría, que, en términos de punto de vista, arroja un cierto escepticismo sobre la credibilidad de lo dicho. Pascual Duarte escribe para tratar de liberarse de responsabilidades sobre sus actos, y por tanto, tratará de incidir en aquellos episodios que puedan justificarlo y evitará contar aquellos que contradigan a su finalidad auto exculpatoria.

El carácter autobiográfico del relato, así como la finalidad justificativa del repaso de la vida propia para excusar su comportamiento presente, remiten de forma clara a la tradición literaria de la novela picaresca y, en especial al Lazarillo de Tormes. Al igual que esta obra del Renacimiento español, Pascual Duarte redacta sus memorias dirigidas a un receptor, del que espera su perdón. Pascual, al igual que Lázaro, busca convencernos de que es víctima de las condiciones sociales en la que se ha movido durante toda su vida.

La función de las voces de Santiago Lurueña y Cesáreo Martín, es además de tratar de completar la historia inacabada de Pascual, ofrecer otro punto de vista sobre él. Adquiere especial relevancia a este respecto la voz del transcriptor, quien no solo introduce juicios de valor sobre la figura de Pascual sino también explica el proceso que da pie a la publicación de las memorias del protagonista.

En la nota del transcriptor, a raíz de la explicación de modo en que llegan a sus manos, las memorias nos encontramos con una técnica narrativa, la del manuscrito encontrado, que remite con claridad al referente literario del Quijote. Al igual que Cervantes juega con los límites entre realidad y ficción al hacer que el narrador afirme haberse encontrado el manuscrito en la realidad extratextual, Cela busca dar verosimilitud a la inverosímil vida de Pascual introduciendo una figura externa a la historia, quien también afirma en la nota inicial haberse encontrado el manuscrito en una farmacia de Almendralejo en 1939.

Tiempo y espacio.

Como toda obra narrativa presenta un tiempo externo y un tiempo interno.

El tiempo externo: Contextualiza la vida del protagonista en el periodo de la historia española que va desde 1882 (puesto que Pascual tiene en torno a 55 años cuando está escribiendo sus memorias en la cárcel 1937) hasta el año en que aparece la novela, 1942. De este modo, la narración queda contextualizada en el proceso histórico que marca el paso desde la agonía del imperio español (poco antes de que pierda su última colonia, Cuba, en 1898) hasta una España que vive sumida en las consecuencias derivadas de la fractura que acarreó en la sociedad la Guerra Civil.

El tiempo interno; se construye en base a la superposición de diferentes niveles narrativos, cada cual con su propio discurrir cronológico.

En primer lugar, está el nivel temporal del presente enunciativo desde el cual Pascual hace repaso de su vida; este es el tiempo de la escritura. En esta temporalidad se sitúan todos los documentos que componen el texto, todos ellos fechados en fechas próximas, desde 1937 hasta 1942. A juzgar por las afirmaciones que realiza en varios momentos de su relato, la escritura de las memorias se desarrolla a lo largo de varios meses. No hay referencia que permitan señalar con exactitud la cantidad de tiempo que ha transcurrido, solo hay referencia a los periodos en que ha detenido la redacción: 15 días tras la escritura de los 5 primeros capítulos; 1 mes tras la redacción del capítulo 12.

Estas dos referencias temporales del transcurrir del presente enunciativo se encuentran al principio de los capítulos 6 y 13, respectivamente, que suponen un paréntesis en desarrollo narrativo de la biografía de Pascual, dispuestos estratégicamente de forma que dividen el relato en tres secciones con un número de capítulos similar.

Encontramos también el tiempo de la historia, es decir, el discurrir temporal de la autobiografía. La organización temporal de este discurso narrativo sigue, como corresponde a una biografía, un orden lineal: desde la infancia al presente, pasando por los diferentes episodios claves. Esta evolución lineal de la narración se ve alterada, en ocasiones, por breves interrupciones destinadas a anticipar algún acontecimiento y para introducir una referencia o aclaración de algo acaecido con anterioridad que necesita ser conocido para comprender lo que se está tratando en ese momento. A estas alteraciones en la organización de su discurso hace referencia el propio Pascual al principio del capítulo 4, quien las explica.

La construcción espacial, en consonancia con el intento de buscar una verosimilitud al relato de la estrategia temporal, decide Cela ubicar la narración en un espacio novelístico plagado de referencias a lugares reales (Madrid, La Coruña, Badajoz, Almendralejo, Mérida).

Pascual, salvo la huida que realiza a Madrid y Galicia, con intención de marcharse a América, la historia se desarrolla en un ambiente puramente extremeño y, para ser más preciso, en un pueblo a escasos kilómetros de Almendralejo del que apenas sale, a excepción de la luna de miel a Mérida, la huída y las estancias en la cárcel.

La novela se abre con una detallada descripción del entorno en que se mueve el protagonista. Del pueblo se dice que se haya deprimido. Esta referencia, que tiene base objetiva, tiene una clara lectura socioeconómica. Es un pueblo venido a menos, como simboliza la fuente, sin agua en el momento presente; y deprimido en lo económico, como refrendan las inexistencias de casas nobles, salvo la de Jesús González de la Riva. Y como consecuencia de todo lo anterior, también es un pueblo deprimido en cuando a lo social, pues parece un pueblo muerto y carente de modelos positivos para el desarrollo de individuos saludables.

En ese entorno físico se mueve toda su vida libre, es un pueblo plagado de hombres como El Estirao y mujeres como su madre.

En este sentido cobran relieve los otros espacios geográficos que, por oposición al pueblo, son vistos como ejemplos de civilización o, cuando menos como lugares idílicos. Ahora bien, dentro del espacio reducido en que se mueve Pascual dos lugares adquieren significación propia. Por un lado, está la casa. Tanto la descripción inicial como las diferentes referencias que se hacen de ellas a lo largo de la novela, la convierten en el símbolo de las condiciones vitales negativas que envuelven su vida. La casa es, en este sentido, un espejo del alma de Pascual. Por otro lado, lo que debería ser un lugar idílico, el espacio de una infancia feliz es, en el caso de Pascual, un espacio maldito, plagado de modelos sociales y afectivos negativos.

Y, si la casa represente el origen de Pascual, la cárcel supone el destino.

El discurrir violento de su vida, con todos los sucesos, apunta de forma inequívoca que va a acabar con sus huesos en la cárcel, como así sucede finalmente.

 

6 Fuentes literarias.

 

La novela fija sus modelos creativos principalmente en:

La novela picaresca. Especialmente se aprecia la influencia de la picaresca en los cinco primeros capítulos (niñez de Pascual, su casa, padres y hermanos). Recordemos el inicio de la obra: Yo, señor, no soy malo, comienza Pascual. Yo, señor, soy de Segovia, comentaba Pablos en El Buscón. Pero más allá de guiños al género picaresco, esta influencia se observa en elementos narrativos y estructurales como:

•La narración en primera persona de unas memorias que han sido escritas para explicar una situación presente. En la picaresca el destinatario era vuestra merced y las memorias permitían al lector comprender la situación de degradación actual del personaje. En LFPD el narrador dirige sus memorias a Joaquín Barrera López para que comprenda por qué asesinó al conde de Torremejía y al mismo tiempo descargar su conciencia.

•En la novela picaresca el protagonista es un ser que pertenece a lo más degradado y bajo de la sociedad; Pascual lo mismo: una vida de aislamiento, marginalidad y desgracias.

•Ambas son novelas episódicas, en el sentido de que solo se seleccionan los acontecimientos importantes para la finalidad del relato.

La novela naturalista

•No tanto en el estilo como en la descripción del entorno social marginal y mísero en el que se mueven los personajes. El gusto por las descripciones detalladas de hechos macabros y repulsivos también es herencia de la novela naturalista de última hora. Es decir, no la decimonónica, sino la que degeneró en un subgénero sensacionalista que tuvo su apogeo en las primeras décadas del siglo XX.

•El determinismo, o lo que es lo mismo: el influjo de la herencia genética y el entorno social que condicionan la vida del individuo.

El Romance de ciego

•En relación con la influencia de la novela naturalista se sitúa la de los romances de ciego: relatos sensacionalistas acerca de crímenes y sucesos repulsivos.

E.A. Poe y Dostoyevsky

•Dos autores a los que se puede seguir su huella en la obra: los crímenes, la observación del alma humana en lo que tiene de patológico y enigmático.

El carácter autobiográfico del relato, así como la finalidad justificativa del repaso de la vida propia para excusar su comportamiento presente, remiten de forma clara a la tradición literaria de la novela picaresca y, en especial al Lazarillo de Tormes. Al igual que esta obra del Renacimiento español, Pascual Duarte redacta sus memorias dirigidas a un receptor, del que espera su perdón. Pascual, al igual que Lázaro, busca convencernos de que es víctima de las condiciones sociales en la que se ha movido durante toda su vida.

En la nota del transcriptor, a raíz de la explicación de modo en que llegan a sus manos, las memorias nos encontramos con una técnica narrativa, la del manuscrito encontrado, que remite con claridad al referente literario del Quijote. Al igual que Cervantes juega con los límites entre realidad y ficción al hacer que el narrador afirme haberse encontrado el manuscrito en la realidad extratextual, Cela busca dar verosimilitud a la inverosímil vida de Pascual introduciendo una figura externa a la historia, quien también afirma en la nota inicial haberse encontrado el manuscrito en una farmacia de Almendralejo en 1939.

El tema central de la novela es el odio, el que siente Pascual por su madre. El odio nace en Pascual lentamente y va creciendo poco a poco, casi como si fuese una criatura humana, hasta llegar a ser tan grande que Pascual no puede sobrellevarlo. Y por eso, para liberarse de él, Pascual comete el asesinato. También siente gran odio hacia el Estirao.

La violencia: que es constante en la novela. Por un lado la vemos en Pascual que es incapaz de controlar sus impulsos y comete asesinatos. Y por otro lado en los maltratos del padre de Pascual hacia él y su madre además de los que recibía Mario de parte de sus padres.

La ternura: los personajes pasan sin transición de la violencia a la ternura, que se expresa con la misma pasión. Y lo podemos ver en la actitud de Pascual con Mario y luego con Pascualillo.

El miedo: que lo manifiesta sobre todo Pascual ante la visión de la muerte de Pascualillo, de la suya propia, al mirar el cementerio y algunos miedos infantiles como cuando dice: “Me acuerdo de pequeño, me daba miedo, y aún ahora, de mayor me corre un estremecimiento cuando traigo memoria de aquellos miedos”.

Los defectos de la sociedad rural: que son la prostitución, el analfabetismo y la decadencia moral de las personas.

El machismo: entendiendo a la mujer como una mera posesión del hombre y que lo podemos ver en tanto en el pueblo como en la ciudad.

La honra: es un tema obsesivo.

 

Biografía de Camilo José Cela.

 

Nació el 11 de mayo de 1916 en Iría Flavia, A Coruña.

Primogénito de la familia Cela Trulock, entronque de raíces galaicas por vía paterna e inglesas por la sangre de la madre. Es bautizado con los nombres de Camilo José Manuel Juan Ramón Francisco de Jerónimo en la Colegiata de Santa María la Mayor de Adina. En 1925 la familia se instala en Madrid y cursa estudios en el colegio de los escolapios de Porlier.

En 1931 es internado en el sanatorio del Guadarrama, aquejado de tuberculosis pulmonar. Emplea el tiempo en lecturas de la obra completa de Ortega y Gasset y la colección completa de clásicos españoles de Rivadeneyra. En 1934 comienza la carrera de Medicina en la Universidad Complutense, aunque abandonó para asistir, en la nueva Facultad de Filosofía y Letras a las clases de Literatura española contemporánea de Pedro Salinas.

Fue amigo de Miguel Hernández y María Zambrano, en cuya casa de la plaza del conde de Barajas conoce en tertulia a Max Aub y otros escritores e intelectuales. Formó parte del bando franquista durante la Guerra Civil española y fue herido en el frente. Algunos años después rechazó la dictadura de Franco y mantuvo una actitud independiente y provocativa. En 1940 estudia derecho en Madrid.

Dueño de un vastísimo vocabulario, consiguió extraer de la lengua española una gran variedad de matices. Su primera novela La familia de Pascual Duarte se publicó en l942; y es uno de los títulos más vendidos, censurados y, posiblemente, el más traducido de la novelística española del siglo XX. Debido la censura que sufría España, su novela La colmena (1951), obra en la que se narra la vida miserable de unos seres en el Madrid de los años inmediatamente posteriores a la Guerra Civil tuvo que publicarse en Buenos Aires. Otras novelas destacadas son Mrs. Caldwell habla con su hijo (1953), Oficio de tinieblas (1973), su obra más vanguardista, y Cristo versus Arizona (1988)

En 1956 fundó la revista literaria Papeles de Son Armadans de la que fue director y donde aparecieron publicaciones de muchos escritores españoles en el exilio durante la dictadura franquista. Sus libros de viajes destacados son Viaje a la Alcarria (1948) y Del Miño al Bidasoa (1952) En poesía destacar: Pisando la dudosa luz del día (1945), y María Sabina (1970) Además escribió varios volúmenes de memorias y numerosos relatos, artículos periodísticos y trabajos de erudición, entre los que hay que señalar su Diccionario secreto (1968 y 1971)

En 1957 la Real Academia Española acoge a Camilo José Cela en el sillón Q. En 1974 fue nombrado presidente del Ateneo de Madrid y dimitió antes de tomar posesión, como protesta contra la ejecución del anarquista Salvador Puig Antich en marzo del mismo año. Como respuesta, sus antiguos amigos franquistas publicaron en el periódico El Alcázar un antiguo documento que comprometía a Camilo José Cela con el aparato de represión fascista. Con la llegada de la democracia es designado senador real.

En 1989 recibió el Premio Nobel de Literatura y en 1995 el Premio Cervantes. En 1996 le nombraron marqués de Iría-Flavia.

En 1944 se casó con Rosario Conde Picavea, su mejor colaboradora durante muchos años. De ella tuvo un hijo, Camilo José Cela Conde. Y con ella formó una sociedad que, durante muchos años, gestionó los intereses del escritor, que se disolvió, tras ciertas turbulencias financieras. Cela se divorció de Rosario a finales de los 80 para casarse en 1991 con Marina Castaño, periodista con la que ha compartido sus últimos años.

Camilo José Cela falleció el 17 de enero de 2002 en Madrid a los 85 años a causa de una insuficiencia cardiopulmonar. Las últimas palabras que dijo consciente fueron: Marina, te quiero. ¡Viva Iría Flavia.

Obras

Poesía

Pisando la dudosa luz del día (1936; 1ª ed. 1945)

El monasterio y las palabras (1945)

Cancionero de la Alcarria (1948)

Tres poemas galegos (1957)

Reloj de arena, reloj de sol, reloj de sangre (1989)

Poesía completa (1996)

Romances de ciego

La verdadera historia de Gumersinda Cosculluela, moza que prefirió la muerte a la deshonra (1959)

Encarnación Toledano o la perdición de los hombres (1959)

Viaje a U.S.A. (1965)

Novela

La familia de Pascual Duarte (1942)

Pabellón de reposo (1943)

Nuevas andanzas y desventuras de Lazarillo de Tormes (1944)

La colmena (1951)

Mrs. Caldwell habla con su hijo (1953)

La catira (1955)

Tobogán de hambrientos (1962)

San Camilo 1936 (1969)

Oficio de tinieblas 5 (1973)

Mazurca para dos muertos (1983)

Cristo versus Arizona (1988)

El asesinato del perdedor (1994)

La cruz de San Andrés (1994)

Madera de boj (1999)

Novela corta

Timoteo el incomprendido (1952)

Santa Balbina 37, gas en cada piso (1952)

Café de artistas (1953)

El molino de viento (1956)

La familia del héroe (1965)

El ciudadano Iscariote Reclús (1965)

Cuentos, fábulas, apuntes y divertimentos

Esas nubes que pasan (1945)

El bonito crimen del carabinero (1947)

El gallego y su cuadrilla (1949)

Nuevo retablo de don Cristobita (1957)

Los viejos amigos (1960)

Gavilla de fábulas sin amor (1962)

El solitario y los sueños de Quesada (1963)

Toreo de salón (1963)

Once cuentos de fútbol (1963)

Izas, rabizas y colipoterras (1964)

Nuevas escenas matritenses (7 series, 1965-66)

Rol de cornudos (1976)

Las orejas del niño Raúl (1985)

Vocación de repartidor (1985)

La bandada de palomas (1987)

Los Caprichos de Francisco de Goya y Lucientes (1989)

El hombre y el mar (1990)

Cachondeos, escarceos y otros meneos (1991)

La sima de las penúltimas inocencias (1993)

La dama pájara (1994)

Historias familiares (1999)

Memorias

La rosa (1959)

Memorias, entendimientos y voluntades (1993)

Viajes

Viaje a la Alcarria (1948)

Ávila (1952)

Del Miño al Bidasoa (1952)

Judíos, moros y cristianos (1956)

Primer viaje andaluz (1959)

Páginas de geografía errabunda (1965)

Viaje al Pirineo de Lérida (1965)

Madrid (1966)

Barcelona (1970)

Nuevo viaje a la Alcarria (1986)

Galicia (1990)

Artículos

Mesa revuelta (1945)

Cajón de sastre (1957)

La rueda de los ocios (1957)

Cuatro figuras del 98 (1961)

Garito de hospicianos (1963)

Las compañías convenientes (1963)

Al servicio de algo (1969)

La bola del mundo (1972)

Los sueños vanos, los ángeles curiosos (1979)

Los vasos comunicantes (1981)

Vuelta de hoja (1981)

El juego de los tres madroños (1983)

El asno de Buridán (1986)

Desde el palomar de Hita (1991)

El camaleón soltero (1992)

El huevo del juicio (1993)

A bote pronto (1994)

El color de la mañana (1996)

Teatro

María Sabina (1967)

Homenaje a El Bosco I. El carro del heno o el inventor de la guillotina (1969)

Homenaje a El Bosco II. La extracción de la piedra de la locura o la invención del garrote. (1999)

Lexicografía y otros

Diccionario secreto (t.I, 1968; t.II-1971)

Enciclopedia del erotismo (1976)

Diccionario geográfico popular de España (1998)

Adaptaciones, traducciones, versiones

Poema del Cid, Cantar I (1957-1959)

Libro de guisados, manjares y potajes, de maese Ruperto de Nola (1969)

La resistible ascensión de Arturo Ui, de Bertolt Brecht (1975)

La Celestina (1979)

El Quijote (1981)

Doctorados honoris causa

Syracuse. Litterarum Doctorem. (Nueva York, EE.UU, 7.VI.1964)

Birmingham. Doctor of Letters honoris causa (Gran Bretaña, 8.VII.1976)

John F. Kennedy. Doctor Honoris causa. (Buenos Aires, Argentina, 4.VII.1978)

Palma de Mallorca. Doctor honoris causa. (22.I.1980)

Santiago de Compostela. Doctor honoris causa por la facultad de Filología (28.I.1980)

Interamericana. Doctor en Letras (San Juan de Puerto Rico, 1.VI.1980)

Hebrea de Jerusalén. Doctor Philosophiae honoris causa (Israel, 19.VI.1986)

Miami Doctor of letters honoris causa (EE.UU. 11. V.1990)

Tel-Aviv, doctor Philosophiae honoris causa (Israel, 6.VI.90)

Santo Domingo. Profesor Honorario de la Facultad de Humanidades (República Dominicana, 27.VI.1990)

San Marcos Doctor honoris causa (Lima, Perú, 4.VII.1990)

Dowling College Doctor of Humane Letters (Oakdale, Nueva York, EE.UU. 25. IX.1990)

Millersville Doctor of Humane Letters. (Pennsylvania, EE.UU. 28. IX.1990)

Complutense Doctor Honoris causa. (Madrid, 6.VI.1991)

La Trobe Doctor of Letters (honoris causa) (Melbourne, Australia, 16.XII.1991)

Texas A&M Doctor of Letters. (College Station, Texas, EE.UU. 14. VIII.1992)

Sarajevo Gradus Doktoris scientiarum honoris causa. (Bosnia-Herzegovina, 1.XI.1992; recibido en Iría Flavia, 14.X.1993)

Católica Fu-Jen. Doctoris in Litteratura honoris causa. (Taipei, Taiwan, 1.VII.1994)

Moderna Profesor Catedrático honoris causa(Lisboa, Portugal, 2.XI.1994; recibido el 19.I.1995)

Technische Universität Dresde. Doctor Philosophiae honoris causa (Dresden, Alemania, 27.IV.1995)

Pontificia Católica de Río Grande do Sul. Doutor honoris causa en Letras (Porto Alegre, Brasil, 8.XI.1995)

Florida International University. Doctor of Letters. (Miami, Florida, EE.UU., 29.IV,1996)

Ciencias Empresariales y Sociales de Buenos Aires (Argentina, 11 de Mayo de 1998)

Universidad de Filipinas (26.VII.1999)

Kansai Gaidai Doctor honoris causa (Japón, 23.X.99)

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